El Parkinson

El Parkinson

¿Qué es el Parkinson?

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa de progresión lenta que afecta a personas de entre 50 y 60 años.

Es causada por la muerte de células productoras de dopamina y células productoras de acetilcolina.

La pérdida de dopamina conduce a una reducción de la actividad en las áreas de la corteza motora y, por tanto, a una reducción de los movimientos voluntarios.

Por otro lado, la pérdida de células de pedunculopontina provoca una contracción excesiva de los músculos posturales.

Los síntomas más característicos de la enfermedad de Parkinson son los siguientes

– Temblor: es el síntoma más característico y precoz, consiste en la aparición de movimientos involuntarios, que suelen ser estereotipados, recurrentes e irregulares, y que son provocados por contracciones de músculos recíprocamente inervados por el antagonista.

Comienza en una mano, se enfoca principalmente en los primeros tres dedos y luego se extiende hasta el pie del mismo lado.

– Rigidez: aumenta el tono muscular, lo que provoca una contracción muscular y una resistencia constante al movimiento.

La rigidez comienza en el torso y el cuello, afectando posteriormente los músculos faciales y flexores.

A veces va acompañada de dolores musculares
o articulares.

– Bradicinesia / hipocinesia y acinesia caracterizadas por una incapacidad para iniciar y ejecutar.

Ambos están asociados con una tendencia a tomar y mantener posiciones firmes, lo que afecta todos los aspectos del movimiento, incluido el inicio, el cambio de dirección y la capacidad de detener y reiniciar el movimiento.

– Inestabilidad postural: dificultad para mantener el equilibrio y caídas frecuentes.

Esto se debe a la incapacidad de realizar ajustes posturales anticipatorios apropiados y adecuadamente regulados.

– Cambio en la marcha: pueden sufrir bloqueo o incapacidad para caminar, o pueden mostrar un aumento progresivo de la velocidad, pasos más cortos, remolque de piernas y dificultad para detenerse.

También existe una postura flexionada típica con ausencia de movimiento del brazo y desplazamiento angular reducido de las articulaciones de las extremidades inferiores.

– El habla es normal al principio, pero a medida que avanza la enfermedad, el habla se vuelve lenta, monótona y mal articulada hasta que alcanza un soplo inteligible.

Posibles tratamientos para la enfermedad de Parkinson

El tratamiento para la enfermedad de Parkinson puede incluir farmacología, cirugía y fisioterapia y terapia ocupacional.

La intervención farmacológica generalmente implica la administración de agonistas dopaminérgicos: bromocriptina, pergolida, ropinirol y otros, que controlan los síntomas de la enfermedad estimulando las células supervivientes de la sustancia negra que funcionarán más activamente.

También existe un método quirúrgico que consiste en aplicar electrodos a varios ganglios basales del cerebro que son estimulados por un marcapasos.

Con el tiempo y como consecuencia del tratamiento dopaminérgico, pueden producirse discinesias, cambios en los reflejos posturales o de enderezamiento, empeoramiento del «fin de dosis» y respuesta correcta al tratamiento, así como oscilaciones entre las dos etapas.

En general, cualquier enfermedad, especialmente la neurológica, beneficia más al paciente de un tratamiento integral e interdisciplinario.

La tarea del fisioterapeuta al tratar con un paciente con enfermedad de parkinson es ayudarlo a mantener el nivel habitual de sus actividades de la vida diaria, como el cuidado personal, el trabajo y la recreación, durante el mayor tiempo posible.

Para ello, este profesional maneja con seguridad las actividades de la vida diaria y la implementación de transferencias.

Cuando no se pueden mantener las actividades de rutina, los terapeutas asesoran y trabajan con el paciente para lograr la aclimatación y adaptación de la enfermedad de parkinson a su entorno físico y socio-laboral, desarrollando así nuevos roles y actividades además del asesoramiento de
adaptación ambiental.

Los objetivos de cada tratamiento de fisioterapia se determinarán por fases, en la fase inicial el objetivo es prevenir la inactividad y el miedo a las caídas además de mantener la capacidad física aeróbica, muscular y articular.

En la fase intermedia, trabajará los movimientos, la postura, la mejora del equilibrio, la marcha y las actividades funcionales.

En una etapa tardía, el objetivo será mantener las funciones vitales y prevenir complicaciones.

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